Altas capacidades: una comedia negra que desmonta los sueños de clase media
Una familia ambiciosa, una plaza en un colegio de élite y una mentira que desata una espiral de hipocresía social. Altas Capacidades, la nueva comedia negra de Víctor García León y Borja Cobeaga, no es lo que parece.
El juego de las expectativas: más allá de la neurodivergencia
El título, sugiriendo un análisis de la neurodivergencia y el potencial intelectual, es una trampa maestra. El niño protagonista, Suso Nanclares, es el mero detonante de una historia que explora con cinismo la obsesión por el ascenso social, el coste de acceder al privilegio y las fracturas irremediables entre clases. No se trata de un niño excepcional, sino de un instrumento narrativo para diseccionar las ambiciones, los secretos y las mentiras de una familia de clase media que se aferra a un espejismo de mejora.
Alicia, contable, y Gonzalo, financiero, se enfrentan a la presión de un jefe interesado en la ‘alta capacidad’ de su hijo, Fer, para conseguir un hueco en el colegio de élite. La propuesta es tentadora: una promoción, contactos, un negocio lucrativo… todo a cambio de manipular la realidad y ocultar la dislexia del niño. Es una danza retorcida de engaños, donde la necesidad de ascender supera cualquier principio moral.

Un humor duro y descarado
La película oscila entre la comedia negra y el drama, pero el trasfondo es una denuncia social contundente. El humor es adulto, descarado y, a menudo, doloroso. Se desnudan los pecados capitales de las familias que buscan escalar posiciones, sacrificando sus valores y distorsionando la realidad para alcanzar sus objetivos. Un cumpleaños familiar se contrasta con una cena en un club de la alta sociedad, mostrando las diferencias de clase con una precisión implacable. La dirección de arte, la banda sonora y el vestuario contribuyen a crear un ambiente opulento y, a la vez, claustrofóbico.

Interpretaciones sobresalientes
Marián Álvarez e Israel Elejalde aportan una solidez dramática fundamental, pero Juan Diego Botto se lleva la palma. Su interpretación de la figura del jefe, un personaje ambicioso y manipulador, es absolutamente magistral. Su capacidad para alternar entre la frialdad calculada y la agresividad implacable le permite dar vida a un personaje complejo y, a la vez, profundamente antipático. Un papel que le queda como la guanteada.
Altas Capacidades no ofrece soluciones ni disculpas. Es una película que te hace reflexionar, que te incomoda y que te deja con una sensación de amargura. No es una simple comedia, sino un espejo deformante que refleja las contradicciones y la hipocresía de nuestra sociedad. Una película que, irónicamente, nos obliga a preguntarnos: ¿qué estaríamos dispuestos a sacrificar por el 'alto potencial' de nuestros hijos?