Los javis, premio a la dirección en cannes: un lánguido reconocimiento a la memoria
La ovación de 16 minutos en el Festival de Cannes, un espectáculo efímero que titiló como un faro en la oscuridad, no fue suficiente para eclipsar la consagración de La bola negra como Mejor Dirección. Una victoria ex aequo con Fatherland de Pawel Pawlikowski, un premio que, francamente, no parece justificado.

Un casino, una bola y un secreto humano
El nuevo largometraje de Javier Calvo y Javier Ambrossi se nutre de la inquietante obra inacabada de García Lorca, transformando un casino granadino en un escenario de juicios morales y secretos dolorosos. La premisa es simple: un joven adinerado busca su lugar en la alta sociedad a través de una votación secreta, utilizando bolas negras o blancas para decidir su destino. La bola negra, por supuesto, es el símbolo del rechazo, la exclusión, la homosexualidad oculta.
Calvo, con la retórica de un profeta, invocó la necesidad de una “bola más pequeña” en cada generación, sugiriendo que el cine, paradójicamente, podría ser el catalizador de un cambio social. Ambrossi, por su parte, elevó la película a un plano de memoria histórica, reivindicando la invisibilizada existencia de la comunidad LGTBIQ+ con una solemnidad que, si bien encomiable, se siente un tanto artificiosa.
El discurso de Calvo, breve y pragmático, se centró en la esperanza de un futuro más tolerante, aunque careció de la contundencia necesaria. Ambrossi, sin embargo, no dudó en denunciar la persistencia de la opresión, apelando a una “honra” que, en este contexto, parece más una excusa que una motivación. La premios, en definitiva, se siente como una concesión, un gesto de buena voluntad en lugar de una evaluación rigurosa del mérito artístico.
La ex aequo con Pawlikowski, un cineasta polaco conocido por su estética austera y su compromiso con la historia, añade una capa de desconexión al logro. La película de Pawlikowski, Fatherland, es un ejercicio de rigor formal y narrativo que, aunque impecable, no comparte la ambición temática de La bola negra. El reconocimiento, en este caso, se siente como un premio a la técnica, no a la visión.
El premio, sin duda, podría abrir algunas puertas para los directores españoles. Pero, a mi juicio, la verdadera relevancia de La bola negra reside en la controversia que genera, en la capacidad de provocar una reflexión sobre los prejuicios y las heridas del pasado. No en la estatuilla, que, en última instancia, es solo una pieza de metal. El arte, y el cine, deben ser más que un premio; deben ser un arma contra la oscuridad.