Strangers: el final de una pesadilla aburrida (y artificial)
La saga de Strangers, esa que se estiró hasta límites insospechados, ha llegado a su conclusión. Pero, como suele suceder cuando la ambición supera con creces al talento, el desenlace resulta ser un ejercicio de tedio más que de terror. Renny Harlin, al frente de esta entrega, no ha logrado rescatar a la franquicia de su propia autotumba.
Un remake troceado, una idea fallida
La decisión de dividir lo que debió ser una película sólida en tres partes fue, desde el principio, un error garrafal. La falta de sustancia, evidente desde el primer Strangers, se agrava con cada entrega, y este “capítulo final” no hace más que confirmar lo evidente: no había suficiente material para justificar semejante dilación. El guión, torpe y predecible, se tambalea sobre una base de clichés y situaciones inverosímiles, incluso para un slasher, un género que, precisamente, permite cierta indulgencia en cuanto a la lógica interna.
Es cierto, a un slasher se le puede perdonar ser un tanto cutre o sobrecargado, pero la saga Strangers comete un pecado capital: es, simplemente, aburrida. La falta de ritmo, los fallos de continuidad y la ausencia casi total de tensión narrativa se combinan para crear una experiencia visual y auditiva soporífera. Y aunque Madelaine Petsch y Gabriel Brasso ofrecen interpretaciones aceptables, y el hecho de ser un final le otorga cierta cohesión argumental, no son suficientes para salvar el barco.
Lo que resulta particularmente desconcertante es que, habiendo rodado las tres películas simultáneamente, no se consideró la opción de fusionar la segunda y la tercera. Una medida que, a estas alturas, habría aliviado el sufrimiento de espectadores y críticos por igual, y habría permitido pasar página a una saga que ha fracasado en todos los sentidos.

La realidad fracturada de maya y la búsqueda de sentido
Strangers: Capítulo final intenta jugar con la disociación de la realidad de Maya, atormentada por el trauma y obligada a llevar una máscara que representa su dolor. Se exploran temas como el síndrome de estrés postraumático y la venganza, pero la ejecución es deficiente. Los flashbacks, insertados de forma torpe y redundante, no aportan nada a la narrativa y, en cambio, interrumpen el flujo de la historia. Es como si el guionista se sintiera obligado a explicitar todo, en lugar de confiar en la capacidad del espectador para interpretar lo que ve.
La trama, que podría haberse resuelto en mucho menos tiempo, se alarga innecesariamente, diluyendo cualquier tensión que pudiera surgir. La puesta en escena, con un presupuesto evidentemente limitado, resulta pobre y carente de originalidad. El espectador tiene tiempo de sobra para darse cuenta de los fallos de continuidad y la falta de imaginación.
En definitiva, Strangers: Capítulo final pone punto y final a una saga que se estiró de forma artificial, pero no consigue redimir los errores del pasado. Es tediosa, poco convincente y con personajes que toman decisiones absurdas. La banda sonora, por cierto, merece un análisis más profundo: es un ejemplo paradigmático de cómo no se debe componer una música para el terror.
Con una nota de 46 sobre 100, Strangers: Capítulo final es el triste epílogo de una pesadilla que debió terminar mucho antes. Un final sin gloria para una saga que, en lugar de asustar, aburre.