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Artemisa ii: la nasa se acerca a la luna con un motor de transbordador espacial

La cápsula Orión Integrity ha iniciado su viaje hacia la Luna, impulsada por un motor con una historia que se remonta al programa del transbordador espacial. Tras más de un día en órbita terrestre, la maniobra de inyección trans-luna (TLI) ha propulsado la nave hacia su destino, marcando un hito en el retorno de la humanidad a nuestro satélite natural, más de medio siglo después del último alunizaje tripulado.

Un motor con pedigrí espacial

Un motor con pedigrí espacial

Lo que quizás no se esperaba es que la propulsión crucial para este viaje la proporciona un motor que ya voló seis veces al espacio como parte del transbordador espacial Atlantis. Se trata de uno de los motores RS-25, reutilizado ahora para esta nueva etapa de la exploración lunar. Esta pieza, que ha superado la prueba del tiempo, es un testimonio de la ingeniería aeroespacial y de la capacidad de reaprovechar tecnologías probadas para nuevas misiones.

La inyección trans-luna, ejecutada con precisión durante cinco minutos y 55 segundos, ha puesto a Integrity en una trayectoria de retorno libre, lo que significa que no se requerirán más impulsos del motor principal del Módulo de Servicio Europeo (ESM). Aunque, en caso de emergencia durante las primeras 36 horas del viaje, el motor podría utilizarse para un retorno rápido a la Tierra. Posteriormente, la única opción será completar una órbita alrededor de la Luna y regresar.

La trayectoria actual de Integrity se asemeja a una órbita terrestre con un apogeo de más de 400.000 kilómetros, que la acercará a la Luna antes de iniciar su regreso a nuestro planeta. La gravedad lunar ejercerá una ligera atracción sobre la cápsula, facilitando su aproximación.

El ESM: El corazón europeo de la misión. El Módulo de Servicio Europeo (ESM), fabricado por Airbus para la ESA, es mucho más que un simple propulsor. Proporciona el soporte vital para la cápsula Orión, incluyendo la electricidad generada por sus paneles solares, y alberga los motores de maniobra esenciales para las operaciones de proximidad lunar. Su diseño, con un diámetro y altura de cuatro metros, esconde una complejidad técnica asombrosa.

Pero no todo ha sido perfecto. La tripulación, liderada por Christina Koch, tuvo que solucionar un pequeño contratiempo con el sistema de saneamiento de la nave nada después del despegue. Un error que, aunque rápidamente resuelto, subraya la complejidad de mantener un entorno habitable en el espacio durante una misión de larga duración. Además, se experimentaron problemas con las tablets Surface de Microsoft, utilizadas para gestionar la información proveniente del control de la misión.

Ahora, el control de la misión se centra en la elaboración de un detallado plan de aproximación lunar, teniendo en cuenta la trayectoria de la nave y la iluminación solar, para que la tripulación pueda aprovechar al máximo el sobrevuelo. La NASA ya tiene en sus manos los parámetros orbitales precisos y puede calcular qué podrá observar la tripulación en la superficie lunar.

Desde la Tierra, se puede seguir la posición de la cápsula en tiempo real a través de AROW (Artemis Real-Time Orbit Website), aunque lamentablemente en unidades imperiales. Afortunadamente, existen alternativas en español que ofrecen la información en unidades métricas, como el FSM.

La misión Artemisa II no es solo un paso más en la exploración espacial; es una demostración de la colaboración internacional y la reutilización inteligente de tecnologías probadas, un legado que se remonta a los días del programa del transbordador espacial, y que ahora nos acerca a un futuro en el que el regreso a la Luna ya no es una promesa lejana, sino una realidad tangible.