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Artemisa ii: no serán los primeros en ver la cara oculta de la luna

La expectativa generada en torno a Artemisa II ha alcanzado su punto álgido, con la información errónea de que su tripulación será la primera en contemplar el lado oculto de la Luna circulando a gran velocidad. La realidad, como suele suceder, es mucho más matizada, y requiere un repaso a las misiones Apolo que ya lograron esta hazaña décadas atrás.

Un legado de pioneros lunares

Un legado de pioneros lunares

Resulta que Frank Borman, James Lovell y William Anders, a bordo del Apolo 8 en diciembre de 1968, se alzaron con el honor de ser los primeros humanos en presenciar el lado oculto de nuestro satélite. No fueron los únicos: 21 astronautas adicionales, repartidos entre las misiones Apolo 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16 y 17, también disfrutaron de esta privilegiada vista. Nombres como Lovell, Young y Cernan, verdaderos “abusones” de la exploración espacial, acumularon múltiples vuelos lunares, ampliando el número de individuos que han puesto sus ojos sobre esa cara inexplorada.

Si bien la tripulación de Artemisa II no será la primera en ver el lado oculto, sí que ofrecerá una perspectiva inédita. A diferencia de las misiones Apolo, que orbitaban a una altura de unos 200 kilómetros, Artemisa II sobrevolará la superficie a 6.500 kilómetros, permitiendo una visión más amplia de las regiones polares, áreas que las misiones anteriores apenas pudieron divisar.

La NASA ha orquestado un programa de observaciones lunares minuciosamente planeado, aprovechando al máximo las condiciones de iluminación únicas que se presentarán durante el sobrevuelo. Se espera que los astronautas puedan apreciar Mare Orientale, una vasta formación geológica que, debido a su ubicación en el borde entre el lado visible y el oculto, es difícil de observar desde la Tierra. La iluminación, además, será diferente a la de las misiones Apolo: un 20% del lado oculto estará iluminado, revelando detalles que hasta ahora permanecían en la oscuridad.

Aunque no se trata de un descubrimiento en el sentido estricto de la palabra —ya contamos con imágenes de alta resolución obtenidas por sondas como la Lunar Reconnaissance Orbiter—, la posibilidad de contemplar estas regiones con los propios ojos representa un hito de incalculable valor.

La NASA, consciente de la trascendencia de la misión, ha diseñado un plan de observación ajustado al milímetro, priorizando tanto el valor científico de los objetivos como su visibilidad en el momento del sobrevuelo. Y, como un añadido sorprendente, se rumorea que la tripulación podría incluso presenciar un eclipse lunar parcial, una consecuencia lógica de la posición de la Tierra en relación con el Sol y la Luna durante su tránsito. La NASA nos lanza a Artemisa II con una audacia que, sin duda, desata una envidia sana y justificada.