El extraño culto al gunpla: ¿una terapia moderna o una adicción en plástico?

¿Te recordaba tu madre con esa pregunta sobre saltar a un pozo? Pues prepárate para una nueva obsesión: el Gunpla. Y la culpa, probablemente, de tus amigos.

El robo de horas y la paz en plástico

Empezó como una sugerencia, una foto en WhatsApp, un podcast sobre técnicas de pintura. Benjamín Bruña, líder de Poliplasticómanos, me convenció. Montar un kit de Gundam, un modelo de esos robots gigantes, se convirtió en una especie de ritual. Al principio, pensé que sería una distracción pasajera, una forma de pasar el tiempo. Pero, como suele pasar, me enganché. Ahora mis domingos están reservados para el Gunpla, y mi casa se ha convertido en un santuario de robots de plástico.

Namco Bandai ha decidido acercar esta afición a España, eliminando intermediarios y importadores. El objetivo es claro: atraer a coleccionistas, fans del anime y a aquellos que, como yo, no sabían que necesitaban una adicción en plástico hasta que la probaron. Y, créeme, funciona.

Más que un modelo, una comunidad

Más que un modelo, una comunidad

El Gunpla no es solo modelismo. Es una historia de adolescentes traumatizados, de niños atrapados en una guerra que no entendían. Es una forma de escape, una terapia y una meditación. Incluso las pegatinas, que pueden sacar de quicio a cualquiera, se convierten en un desafío. Pero la recompensa es ver cómo tu figura cobra vida, cómo se transforma en una máquina de guerra, un héroe o un villano.

El secreto del gunpla: paciencia y creatividad

El secreto del gunpla: paciencia y creatividad

Los kits de Gundam recuerdan a las maquetas de aviones y tanques de antes, pero con un toque especial. No necesitan pegamento ni pintura, lo que los hace accesibles a todos. Muchos aficionados, sin embargo, personalizan sus modelos, añadiendo efectos, pintando detalles y creando obras de arte. La creatividad es el límite. Incluso las instrucciones, aunque en japonés, son sorprendentemente fáciles de seguir, gracias a Google Lens.

Claro, no todo es color de rosa. Un error de montaje, como una articulación montada al revés, puede arruinar todo el proceso. Pero, con un poco de paciencia y unas pocas herramientas básicas –alicuetas, limas, pinzas– se puede solucionar. Lo importante es la experiencia, la satisfacción de ver cómo un conjunto de piezas de plástico se convierte en una figura detallada y articulada. Un fenómeno que, como dice Benjamín Bruña,