Mundos abiertos: el tamaño ya no convence, según los creadores
La fiebre por los mundos abiertos, que durante una década inundó el mercado de los videojuegos, parece estar perdiendo fuelle. Lo que antes eran proyectos titánicos, diseñados para exprimir al máximo el hardware, hoy son la norma. Sin embargo, voces autorizadas de la industria advierten: la escala ya no es suficiente para cautivar a los jugadores.
La saturación del espacio abierto
Nicholas Lives, fundador de Night Signal Entertainment, es contundente: la magia de estos vastos territorios se desvanece con rapidez. Un mundo inmenso, pero vacío, genera frustración y la sensación de que el encanto se ha agotado. Esta percepción, lejos de ser una opinión aislada, refleja un cambio en las preferencias del público, que busca experiencias más concisas y satisfactorias, aunque de menor duración. La era de los mapas de cientos de kilómetros cuadrados, como el que presenta el inminente Crimson Desert, podría estar llegando a su fin.

El peso del diseño sobre la extensión
Yura Zhdanovich, fundador de Sad Cat Studios y creador de Replaced, va un paso más allá. “La idea de un mundo de 500 kilómetros cuadrados ya no es novedosa ni atractiva”, afirma. Para Zhdanovich, la clave del éxito no reside en la magnitud, sino en la calidad. Captar la atención exige un trabajo excepcional, una propuesta pulida y original. Mientras que Assassin's Creed Odyssey ejemplificó la tendencia hacia mapas expansivos y, en palabras de muchos, vacíos, títulos como Kingdom Come: Deliverance 2 o Resident Evil Requiem demuestran que la exploración y la libertad pueden coexistir con experiencias más condensadas y enfocadas.

El desafío: encontrar el equilibrio
La industria se encuentra, por tanto, ante un dilema. Dejar atrás la obsesión por la escala y abrazar la calidad requiere un cambio de mentalidad. Los estudios deben evitar los errores que llevaron a los mundos abiertos de la década pasada a ser percibidos como un problema, buscando un equilibrio entre la ambición y la eficiencia. El futuro de este género, antes dominante, podría residir en la capacidad de los desarrolladores para ofrecer mundos más pequeños, pero densos, ricos en contenido y con un diseño inteligente que mantenga al jugador enganchado de principio a fin. La innovación, no la superficie, será el factor determinante.