Nintendo se lanza al cosmos: ¿super mario galaxy superará al fontanero?
La era de las adaptaciones cinematográficas de videojuegos malditas parece haber quedado atrás. Nintendo, con su apuesta por Super Mario Bros. en 2023, no solo logró revertir la tendencia, sino que la catapultó a nuevas cotas de éxito. Ahora, la compañía nipona busca consolidar su imperio con The Super Mario Galaxy Movie, una secuela que apunta directamente a replicar la fórmula Marvel: un universo cinematográfico expandido.
Una exhibición visual que roza lo enfermizo
Desde el primer fotograma, la película de Illumination deslumbra. La calidad de la animación es, francamente, asombrosa. Cada partícula de polvo espacial, cada textura de los personajes, cada destello de luz ha sido tratado con una meticulosidad casi obsesiva. La producción parisina se nota, y la experiencia visual se convierte en un torbellino de estímulos que, al principio, te atrapa por completo. La tentación de tocar la pantalla y saborear cada elemento visual es casi irresistible, una sensación que, admito, me dejó ligeramente perturbado.
Pero este despliegue técnico no es un fin en sí mismo. Es, en esencia, una herramienta para algo mucho más ambicioso: un bombardeo constante de referencias, guiños y cameos que convierten la experiencia en una especie de parque temático visual. La película está cargada de ellos, hasta el punto de que puede resultar agotador. ¿Es brillante? Sin duda. ¿Es excesivo? Absolutamente. Y es que, en su afán por complacer a los fans más acérrimos, The Super Mario Galaxy Movie sacrifica, en ocasiones, la coherencia narrativa.

La banda sonora: un latigazo nostálgico
Si hay un elemento que eleva la película por encima de sus limitaciones, ese es su apartado musical. Brian Tyler, de nuevo al frente, ha orquestado una banda sonora épica, interpretada por una orquesta de 70 músicos, que dota a cada escena de una grandiosidad injustificada. Tyler rescata temas icónicos de la saga Galaxy y de otros títulos de Nintendo, reinterpretabaándolos con una escala sinfónica que te transporta directamente a la infancia. Hay momentos en los que la música te convence de que estás presenciando un evento trascendental, cuando en realidad lo que ocurre en pantalla es, simplemente, Mario saltando entre estrellas. Una ironía que, paradójicamente, funciona a la perfección.
El reparto, con Chris Pratt a la cabeza, ha generado controversia. Su interpretación de Mario, aunque carismática, sigue resultando artificial y forzada. En contraste, Charlie Day, como Luigi, roba la película con su nerviosismo, su humor y su capacidad para transmitir una amplia gama de emociones. Y Glen Powell, como Fox McCloud, irrumpe en la pantalla con una energía arrolladora que redefine al personaje y anticipa un futuro prometedor para el universo Nintendo.

¿Un universo cinematográfico al estilo marvel?
La aparición de Star Fox, junto con otros elementos como R.O.B. o referencias a Pikmin, no son meros guiños. Son piezas de un complejo engranaje que apunta a la construcción de un universo compartido al estilo Marvel. Nintendo no se conforma con Mario; quiere construir un imperio. El objetivo está claro: preparar el terreno para un futuro Super Smash Bros. en la gran pantalla.
Pero a costa de qué? La película sacrifica la narrativa en aras del espectáculo. La trama es confusa, carente de conflicto real y, en ocasiones, inexplicablemente absurda. Super Mario Galaxy es una experiencia que te deja algo aturdido, a pesar de la diversión que te proporciona. Al final, te sales del cine con una sensación extraña: la de haber presenciado un espectáculo visual deslumbrante, pero también la de haber perdido parte de tu cordura. Y con un deseo imperioso de construir una granja de Yoshis y pilotar un Arwing.
The Super Mario Galaxy Movie no es una gran película. Pero es un espectáculo irresistible para los fans de Nintendo. Una sobredosis de nostalgia, de referencias y de estímulos visuales que puede provocar una hiperculturemia aguda. Y, sinceramente, no me arrepiento de haber sucumbido a ella.