Redes sociales: un circo de datos con filtros y mentiras

Las redes sociales ya no son redes, son auténticas jaulas digitales donde la realidad se vende como producto. En Enchufe.tv, con su habitual mordacidad, han desentrañado la grotesca caricatura que se ha convertido en nuestra vida online: una sucesión de filtros que distorsionan la imagen, algoritmos que nos esclavizan y, sobre todo, una voraz industria que se alimenta de nuestras intenciones.

La farsa de la conexión

La farsa de la conexión

El último sketch de la plataforma es un festival de ironía. Una señora, convertida en guardiana de las reliquias familiares –un mero reciclaje de frases motivacionales y felicitaciones genéricas– personifica la desconexión que nos ha carcomido. Instagram, con su obsesión por la pose perfecta y los ‘instagrameables’, se la rifa a perpetuidad copiando movimientos de TikTok, el nuevo y despiadado amo de la atención. Y X, el ‘rebautizado’ Twitter, sigue siendo un campo de batalla psicópata donde la cancelación es el deporte rey. Ya no hay espacio para el debate serio, solo para la demolición indiscriminada.

YouTube, con su pretenciosa campaña de ‘redención moral’, intenta limpiar su imagen tras años de contenido de baja calidad, disfrazando su estrategia con la excusa de proteger a los niños –y, por supuesto, a sus anunciantes. La verdad es que todo se reduce a optimizar la extracción de datos y monetizar a los usuarios, quienes, ajenos a la realidad, creen que son ellos los que generan ingresos.

Plataformas como Twitch, con su mezcla turbia de Entretenimiento, publicidad y venta de intimidad, no son más que extensiones de este mismo despiporre. La línea entre lo que es real y lo que es una performance cuidadosamente orquestada se ha difuminado por completo. Hasta los recién llegados, como ChatGPT, que se presenta como un ‘aportador’ de música de terror de fondo, saben que están pisando un terreno resbaladizo.

La realidad, como siempre, es mucho más amarga que la ficción. Y la ironía final reside en que nadie se engaña realmente. Todos, sin importar su fachada, admiten que el negocio principal es la extracción de datos y la monetización de la atención del usuario. Es, en definitiva, una forma de extorsión sofisticada, disfrazada de conexión social. Una fiesta donde la risa es forzada y las relaciones, superficiales.