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Smart tv: la unión europea exige control sobre los algoritmos del salón

El control remoto ya no solo abre la puerta a la televisión. Ahora, la Unión Europea se enfrenta a una nueva batalla: quién decide qué vemos en nuestras Smart TV. Las asociaciones de broadcasters han lanzado una petición formal a Bruselas para regular con mano dura los sistemas operativos de estos dispositivos y los asistentes de voz.

El nuevo ‘portero’ de la distribución audiovisual

Durante años, el streaming dominó el debate, pero la verdadera cuestión ahora reside en la jerarquía interna de la tele. Las tecnológicas –Google, Amazon, Samsung, LG, Apple– se han consolidado como los nuevos ‘porteros’ del salón, desplazando a los antiguos distribuidores. Lo que antes era una simple cuestión de app, ahora se convierte en una lucha por el acceso y la visibilidad del espectador.

Los datos revelan un claro cambio de tendencia: Android TV ha experimentado un crecimiento notable, seguido por Fire TV y Tizen. Esta concentración de poder en unas pocas plataformas ha generado preocupación en Europa, donde se exige una mayor transparencia y control sobre los algoritmos que determinan qué contenido se prioriza.

La dma: el arma de la unión europea

La dma: el arma de la unión europea

La Unión Europea ha apostado por la Digital Markets Act (DMA) para vigilar a estas plataformas con demasiado poder. Se trata de una normativa que busca evitar que las Smart TV y los sticks de streaming actúen como monopolios digitales, favoreciendo sus propios servicios y ocultando otros. El objetivo es garantizar una competencia justa y evitar que la experiencia del usuario se vea sesgada.

Las asociaciones televisivas europeas no andan con tímidos. Exigen que estos sistemas operativos se sometan a la supervisión de la DMA, para que no puedan ‘jugar con ventaja’ en su propio terreno. Esto implica una mayor transparencia en la selección de apps, la eliminación de prácticas que favorezcan los servicios propios y la garantía de un acceso equitativo al contenido para todos los usuarios.

Además, se extiende la regulación a los asistentes de voz –Alexa, Siri, Gemini–, conscientes de su creciente influencia en la forma en que buscamos y consumimos contenido. La batalla por el salón ya no se centra únicamente en la calidad de los paneles o la cantidad de apps, sino en quién realmente dirige el espectáculo.

La respuesta de la Comisión Europea es cautelosa, pero la señal es clara: se está valorando la petición. La industria televisiva tradicional ha encontrado su voz y no dudará en defender sus intereses. Y, sinceramente, es difícil negar su razonamiento: al comprar una Smart TV, no solo adquirimos un dispositivo, sino un ecosistema que controla gran parte de nuestra experiencia audiovisual. Y eso, en sí mismo, es un cambio de paradigma.