Cities: skylines 2: el fracaso de unity hunde a colossal order
El esperado lanzamiento de Cities: Skylines 2, que prometía consolidar la saga de simulación urbana, se ha convertido en un caso de estudio sobre cómo una ambición desmedida y la elección de Tecnología inadecuada pueden llevar al desastre. Más de dos años después de su salida, Colossal Order admite que sobreestimó las capacidades del motor Unity, desencadenando una cascada de problemas que han afectado la reputación del estudio.

Unity, un error estratégico
La directora ejecutiva de Colossal Order, Mariina Hallikainen, reveló a PCGamer que el uso de Unity fue un error desde el principio. El equipo había diseñado el juego con funcionalidades técnicas, físicas y de tráfico de datos que Unity no podía ofrecer en su momento. Esta apuesta por una Tecnología inmadura obligó a desarrollar soluciones alternativas para compensar las carencias, lo que ralentizó el desarrollo y afectó al resultado final.
Los problemas con Unity fueron múltiples: inestabilidad general, limitaciones en el pipeline gráfico HDRP y deficiencias en sistemas clave como el ECS. La compañía se vio obligada a crear soluciones adicionales para suplir funciones inexistentes o incompletas, un proceso que consume tiempo y recursos.
La situación se agravó con la decisión de Paradox Interactive de separar sus caminos en cuanto al soporte del juego. Iceflake Studios ahora se encarga de los parches y mejoras, una medida que subraya la gravedad de los problemas iniciales. La recepción del juego fue, en resumidas cuentas, muy crítica. Los usuarios denunciaron bugs, problemas de rendimiento y un juego que no cumplía las expectativas creadas.
A pesar de todo, Colossal Order no parece guardar rencor hacia Unity y planea seguir utilizándolo en su próximo proyecto, aunque aún no se conocen detalles sobre este nuevo título, que seguirá en la línea de la simulación urbana y la gestión.
El caso de Cities: Skylines 2 sirve como un recordatorio de que la Tecnología, por avanzada que sea, no puede sustituir una planificación sólida y una evaluación realista de las capacidades del motor. La industria del videojuego ha aprendido una dura lección: la ambición sin control puede ser peligrosa.